Vestía shorts, en realidad eran jeans que sufrieron la metamorfosis coyuntural del verano, como mis poleras y otras cuantas cosas de invierno. Andaba buscando, en realidad algún libro con el que pudiera hacer llevaderas las largas y tediosas jornadas de verano. Mi frente sudaba cada vez que me agachaba a recoger libros. Mi mochila ya tenía 5 ejemplares, entre poesía y novelas cortas, buscaba un libraco grande que me sirviera de almohada también. El Bio Bio estaba tan congestionado, todos los weones recién pagados comprando y vendiendo cachueros, cosas movi'as, películas, jeans piratas, zapatillas, útiles escolares cuanta webá puedas imaginar. Me detuve e incliné a mirar un ejemplar de sicología, grande y con cubierta acolchada...ideal. Entonces, me distraje a pensar cuanto dinero tenía disponible para negociar, webás de oferta y demanda callejeras, cuando miro entre los pies de las personas que pasaban cerca, y entre pelos, jawaianas, pantalones hippies, zapatillas nike, veo, lejos, en otro pasillo un vestido. Sí, un vestido, que me cautivó (excitó) al segundo. Me levanté durante el mismo segundo que duró la primera impresión (erección), para ver quien era esa princesa, que lo traía puesto. Color rojo, sí, crespa, mas bajita que yo, de mirada perdida, un bolso rojo de calcetín con rombos man. Mirando como sin intención los bazares, admitiendo su sin sentido del paseo. Siguiendo el flujo de personas, que nos hace marchar al ritmo de la multitud. Como seres enfermos de abulia. Sólo obedecemos al movimiento, la inercia del comprador compulsivo de cachureos.
A poco andar, sentía deseos incontrolables de llegar a tu posición o estar cerca, para poder posar la mirada sobre tu cuerpo, detenidamente admirar el diseño erótico de ese vestido veraniego. Yo sin más que mi ropa y sin desodorante pensaba en nada más que cortejarte, de forma sutil, pero punzante, insistiendo como el hombre infiel que bajo la mesa acaricia la pierna de la mujer de su hermano.
De fondo en mi mp3 sonaba, recuerdo fielmente, paisaje porcelana, de aquel disco amorfo de gustavo cerati.
No podía predecir como serían los movimientos de la fila, el flujo era inestable y me desesperaba saber quien controlaba e impedía que me acercara a esa mujer. Aún estaba en el stand de los libros. Tú mirabas artesanías, piedras raras y cuanta cosa oriental que se posara frente a ti. Avanzamos y te busqué la mirada, entre coqueta y sugerente... No respondiste, como lo suponía, ignoraste mis ojos punzantes.
Recuerdas como era el circuito que recorrimos en más de una hora. Tan sinuoso y confuso, pero debíamos corresponder a un sólo movimiento, si nos deteníamos, de seguro habríamos sido llevados al paredón.
Entonces, ya cuando estuvimos a un metro, te sonreí y respondiste la con un gesto medio picarón. Yo ilusionado, ansiaba el otro momento. Para cuando estábamos cerca, pensé en gritarte que saliéramos del sistema, que nos escapáramos (ahora solemos hacerlo). Pero quedé mudo y me respondiste con ese gesto de cejas (diciendo; este huevito quiere sal). Yo entre nervios, ni miraba libros y hasta por comprar una flor plástica, se me perdió u olvidé mi billetera en un segundo... mi pase escolar y otros documentos. u.u
Quería entregarte la flor (de la que tanto te ries), pero no pude, ya totalmente en el éxtasis de la coquetería, me cerraste un ojo y yo para no ser menos, te cerré ambos.... no sabía que era EL gesto más estúpido que podría haber hecho, te reíste mucho.
Luego, de todo este profundo revoloteo de ojos, cejas, bocas, documentos, libros, cosas orientales, vestidos rojos... llegó la música. Un locatario rallado, prendió una cagá de victrola y puso el respectivo vinilo y de un segundo a otro, escuché a Tristán gritar (era yo), y la Isolda, de rojo vestido, se paseaba dentro del galpón Bio Bio, cortejándome, definitivamente era a mi. Yo el elegido. Y como era sueño, andaba sin bastón. Tenía 16 y tú la respectiva edad. Yo menos barba y menos cabellera. Si algo superficial como el vestido posado sobre tu cuerpo, provocó este amor trágico de persa, ni pensar las cosas que puedan provocar en mi, la conversación íntima, que salgan palabras de tus labios y cuanta cosa expresiva de tu rostro.
Ya sé!
La invitaré a un café- pensó Roque.
Ayyyy, los gritos de la ópera, me tenían histérico, aunque la cultura filosófica barata popular diga que los hombres no puedan ponerse histéricos, lo estaba. Ya no veía posibilidades en las curvas de poder estar juntos, yo para el sur, y tu para el desértico norte. En profundidad, ya estaba pensando en morir. No te podía perder. Me conecté al mp3 y de vez en cuando miraba hacia atrás y percibía ciertos retazos de color rojo, a veces en efecto eran trozos de tu vestido, otra definitivamente viejas y viejos embusteros que pretendían ser tú o que imitaban la belleza del rojo curvilíneo del vestido.
Desesperado, recé para salir luego del tumulto, fumar quizá, beber bebida cola o cuanta webá pueda hacer alguien común y corriente, NERD desocupado y estudiante - depresivo obsesivo compulsivo suicida.
Cerré los ojos, y me afirmé de una vieja minusválida, para sólo sentir el sol directo y cancerígeno en mi rostro sudado y reseco. En volá, quería puro salir.
Una vez afuera, después de la tortura, Roque, porque de él estamos hablando, tomó un sorbo de mineral woman con estrógenos para su alta sensibilidad, miró hacia la izquierda y habían peruanos peleando por un cebiche con extra merquén (extra queso Mcdonal pe) y en la derecha.... NOOO, no estaba piñera, ni lavín ni la sombra de (ídolo mío) Jaimito Guz-mán (hombre guz)... era un cierto resplandor colorado. Pero roque no quería mas ilusiones y no se detuvo a mirar aquel brillo reflectado del sol (candente). Caminó dos pasos, sumido en el más puto estado (de facebook) depresivo y escuchó, al oído, casi susurrado, al lado del audífono, sonó.
- (oye tú, el de bastón colorado), acepto el café.
- Y roque piensa (cómo mierda supo lo del café?), dijo; Alejandra...
- Y Alejandra pensó (cómo mierda supo mi nombre?), dijo; vamos acá cerca hay un lugar cachilupi para un café cremoso.
A poco andar, sentía deseos incontrolables de llegar a tu posición o estar cerca, para poder posar la mirada sobre tu cuerpo, detenidamente admirar el diseño erótico de ese vestido veraniego. Yo sin más que mi ropa y sin desodorante pensaba en nada más que cortejarte, de forma sutil, pero punzante, insistiendo como el hombre infiel que bajo la mesa acaricia la pierna de la mujer de su hermano.
De fondo en mi mp3 sonaba, recuerdo fielmente, paisaje porcelana, de aquel disco amorfo de gustavo cerati.
No podía predecir como serían los movimientos de la fila, el flujo era inestable y me desesperaba saber quien controlaba e impedía que me acercara a esa mujer. Aún estaba en el stand de los libros. Tú mirabas artesanías, piedras raras y cuanta cosa oriental que se posara frente a ti. Avanzamos y te busqué la mirada, entre coqueta y sugerente... No respondiste, como lo suponía, ignoraste mis ojos punzantes.
Recuerdas como era el circuito que recorrimos en más de una hora. Tan sinuoso y confuso, pero debíamos corresponder a un sólo movimiento, si nos deteníamos, de seguro habríamos sido llevados al paredón.
Entonces, ya cuando estuvimos a un metro, te sonreí y respondiste la con un gesto medio picarón. Yo ilusionado, ansiaba el otro momento. Para cuando estábamos cerca, pensé en gritarte que saliéramos del sistema, que nos escapáramos (ahora solemos hacerlo). Pero quedé mudo y me respondiste con ese gesto de cejas (diciendo; este huevito quiere sal). Yo entre nervios, ni miraba libros y hasta por comprar una flor plástica, se me perdió u olvidé mi billetera en un segundo... mi pase escolar y otros documentos. u.u
Quería entregarte la flor (de la que tanto te ries), pero no pude, ya totalmente en el éxtasis de la coquetería, me cerraste un ojo y yo para no ser menos, te cerré ambos.... no sabía que era EL gesto más estúpido que podría haber hecho, te reíste mucho.
Luego, de todo este profundo revoloteo de ojos, cejas, bocas, documentos, libros, cosas orientales, vestidos rojos... llegó la música. Un locatario rallado, prendió una cagá de victrola y puso el respectivo vinilo y de un segundo a otro, escuché a Tristán gritar (era yo), y la Isolda, de rojo vestido, se paseaba dentro del galpón Bio Bio, cortejándome, definitivamente era a mi. Yo el elegido. Y como era sueño, andaba sin bastón. Tenía 16 y tú la respectiva edad. Yo menos barba y menos cabellera. Si algo superficial como el vestido posado sobre tu cuerpo, provocó este amor trágico de persa, ni pensar las cosas que puedan provocar en mi, la conversación íntima, que salgan palabras de tus labios y cuanta cosa expresiva de tu rostro.
Ya sé!
La invitaré a un café- pensó Roque.
Ayyyy, los gritos de la ópera, me tenían histérico, aunque la cultura filosófica barata popular diga que los hombres no puedan ponerse histéricos, lo estaba. Ya no veía posibilidades en las curvas de poder estar juntos, yo para el sur, y tu para el desértico norte. En profundidad, ya estaba pensando en morir. No te podía perder. Me conecté al mp3 y de vez en cuando miraba hacia atrás y percibía ciertos retazos de color rojo, a veces en efecto eran trozos de tu vestido, otra definitivamente viejas y viejos embusteros que pretendían ser tú o que imitaban la belleza del rojo curvilíneo del vestido.
Desesperado, recé para salir luego del tumulto, fumar quizá, beber bebida cola o cuanta webá pueda hacer alguien común y corriente, NERD desocupado y estudiante - depresivo obsesivo compulsivo suicida.
Cerré los ojos, y me afirmé de una vieja minusválida, para sólo sentir el sol directo y cancerígeno en mi rostro sudado y reseco. En volá, quería puro salir.
Una vez afuera, después de la tortura, Roque, porque de él estamos hablando, tomó un sorbo de mineral woman con estrógenos para su alta sensibilidad, miró hacia la izquierda y habían peruanos peleando por un cebiche con extra merquén (extra queso Mcdonal pe) y en la derecha.... NOOO, no estaba piñera, ni lavín ni la sombra de (ídolo mío) Jaimito Guz-mán (hombre guz)... era un cierto resplandor colorado. Pero roque no quería mas ilusiones y no se detuvo a mirar aquel brillo reflectado del sol (candente). Caminó dos pasos, sumido en el más puto estado (de facebook) depresivo y escuchó, al oído, casi susurrado, al lado del audífono, sonó.
- (oye tú, el de bastón colorado), acepto el café.
- Y roque piensa (cómo mierda supo lo del café?), dijo; Alejandra...
- Y Alejandra pensó (cómo mierda supo mi nombre?), dijo; vamos acá cerca hay un lugar cachilupi para un café cremoso.

uyewgfuiwhfuihru mijito rico
ResponderSuprimirGracias por dedicarme tanto tiempo, gracias pro regalármelo. Gracias por ayudarme tanto ayer y gracias por estos Cinco Maravillosísimos meses.
ResponderSuprimirte AMo
mi amorsh
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